Sonaba su canción y ambos se miraron, incómodos. "Vaya casualidad" pensó ella, intentando aguantar el tipo. "Entonces en el trabajo te va bien, ¿verdad?", le preguntó. Él tragó saliva y sonrió con nerviosismo, a la vez que tamborileaba con sus dedos sobre la mesa de mármol de la cafetería. "Sí, parece que están contentos conmigo". "Me alegro", contestó ella, mirando hacia la ventana, intentando escapar mentralmente de allí, de la presencia de él. Hacía un mes que no le veía, y aunque ambos habían emprendido nuevas vidas, se le hacía raro estar delante del hombre al que había querido, sin cogerle las manos. No, definitivamente tenía que pensar en otra cosa, y dejar de recordarle el día de su boda. Él ya no era el mismo de entonces, ni ella... Su sonrisa ya no era para ella, ni sus palabras cariñosas.
Ella no sentía rencor, ni odio hacia el hombre del que iba a divorciarse, ni siquiera tenía ganas de burlarse de la mujer que la había sustituido, simplemente estaba triste y sin comprender cómo habían llegado a eso. Una y otra vez se había dicho a sí misma que le había dado lo mejor de ella, más de lo que le había dado a nadie en toda su vida. Se sentía vacía, y le escuchaba hablar de su familia, como si él estuviera sentado muy lejos de ella. Sus corazones lo estaban.
"Entonces cuando encuentre a un abogado te llamo", dijo ella, al despedirse. Él dijo que le parecía bien. Como siempre, todo le parecía bien, pero luego no hacía nada. No se dieron ningún beso. Tal vez con el tiempo, pudieran ser amigos, pero ese momento no había llegado todavía.
Al llegar a casa, ella encendió el ordenador. Necesitaba escribir lo que sentía. Hacía mucho que le costaba concentrarse y retomar esa novela que estaba escribiendo. Tal vez debía hacer un cambio de tema. Abrió una carpeta nueva en el disco duro y pensó en ir recogiendo los poemas que le surgieran en sus noches de insomnio y frío. "¿Cómo llamo a la carpeta?" se preguntó. "Alone again, naturelly"...
Aquel domingo todo era extraño. Él había dicho que se iba a la montaña, pero él solo. A ella le extrañó, porque siempre habían ido juntos de excursión. Era una de esas cosas que les unían. Y él quería ir solo...
Ella pasó toda la mañana pensando, haciéndose preguntas sobre la razón por la que él estaba en ese momento solo, en Peñalara, y ella en su casa. Sabía que las cosas no iban bien desde hacía mucho tiempo, pero se había propuesto luchar por salvar su matrimonio. Hacía mucho que a él le interesaba más dormir que estar con ella, ver una película juntos, darle un beso... "Lo que tengo que hacer es sorprenderle", había pensado. Y después él llegó de ´su excursión, más raro todavía. No quiso contar mucho. "Está claro que le pasa algo", pensó ella.
Y a los dos días había preparado una cena romántica que se fue al garete. "Eso es muy raro", dijo su mejor amigo. "¿seguro que no tiene a otra?" La duda empezó a flotar a su al rededor. Tal vez su amigo tenía razón. Y su hermana, cuando se lo contó, preocupada. Ni cena romántica, ni nada de nada.
Aquella noche de miércoles, él llegó de entrenar, y ella le dijo que tenían que hablar. Ya había entendido lo que pasaba, y era el momento de decirlo, ya que él no se atrevía.
"Tú no me quieres como pareja, ¿verdad?", preguntó ella, mirándole a los ojos. Él rompió a llorar, y dijo que no. Y entonces, aunque creía que estaba preparada para una respuesta así, no lo estaba en realidad. Y sintió que su mundo se desplomaba, y que quería morir, para no sentir ese dolor. Y no pudo dormir nada, sola, en su cama, solo taparse hasta la cabeza y preguntarse por qué la persona a la que más había dado ya no podía quererla.
Caigo en la cuenta de cuántas veces me he acordado de ti, de nuestra boda, de cada celebración de nuestro aniversario, que fue cada vez a menos. Yo quería romanticismo, sentir pasión y perderme a mí misma en tus brazos, quemarme por dentro, sentir tus manos en mi piel. Y todo quedó en nada... Día a día te fuiste diluyendo delante de mis ojos, sin que pudiera retenerte a mi lado. Todavía me echo la culpa por no saber ganarme tu amor cada día, aunque tú tampoco lo conseguiste conmigo. Es la historia de dos personas solitarias, de dos almas perdidas en una casa, que se cruzaban en un pasillo y no se veían.
Un nuevo adiós, en un día señalado. Habríamos hecho seis años, si tú hubieras querido, pero no fue así. Y recuerdo cómo aquel día me sonreíste cuando entré con mi ramo de flores blancas en la mano y mi vestido, que yo quise sencillo. Yo solo podía imaginarme una boda contigo a mi lado, y nadie más, y no sospechaba que ese chico que estaba tan enamorado de mí, se rendiría sin pensar en las consecuencias. Tu sonrisa se fue borrando con los años, y la mía también, y mi soledad fue creciendo en esa casa en la que había dos mundos separados. Nunca has querido decirme qué hice tan mal para que dejaras de amarme después de haberte dado lo mejor de mí. Te veo y tras ese rostro que todavía me parece atractivo, como el día que te conocí, ya no veo a quien tanto quise, sino a quien me rompió el corazón y me ha robado las ilusiones. Mañana sería nuestro aniversario, y aunque en mis ojos están apunto de brotar las lágrimas, intento no pensar que no habrá más aniversarios, después de tantos años juntos. Intento pensar en otras nuevas fechas señaladas, que irán sustituyendo a cada recuerdo, aunque el pasado no se borrará jamás y cada siete de julio miraré el calendario y recordaré que un día nos casamos. Tal vez escribo esto para exorcizarme de las penas que todavía me asaltan algunos días, o porque necesitaba llorar un poco y desahogarme.
Los verdaderos amigos son el mayor regalo que se puede tener. Tú estuviste siempre ahí, en mis peores momentos. Ahora lo recordamos, y nos parece que hace mucho que ocurrió todo, pero fue solo hace un año. Y tú me sostuviste con tu amistad, con tu forma de ser, con tu sentido del humor, con esos momentos que solo he compartido contigo. Esos que quedan para nosotros en la memoria. Solo para nosotros.
Me gustan los días lluviosos, y mirar, como cuando era una niña, por la ventana, contemplando el cielo cuajado de nubes grises. No me importa que parezca raro. Tengo recuerdos bonitos de días en los que la lluvia inminente hacía que el aire oliera a mojado, y mi rostro se mojaba con la llovizna, sin que a mí me preocupara, porque estaba feliz. Lo estaba aquel día que le conocí, hace tantos años. Él ya es parte de mi pasado, pero no todo fue triste a su lado. Hubo días en los que fui feliz. Hace muchos años.
Soy una sombra que camina en busca de la luz de la razón, siguiendo las espirales de cuerpo, mente y espíritu...
He abierto este blog para poder decir lo que siento, sin ataduras, sin los límites de mi otro blog. Necesitaba liberar mis miedos, mis deseos, mis criaturas de ultratumba.